La foto

-de Mara Pettigrosso-

Siempre pensé que las fotos son verdaderos asientos eyectores de recuerdos.

Si te quedás un rato observándolas, algo dentro de tu mente se moviliza y tal vez se te humedezcan los ojos o una sonrisa se dibuje en tu rostro manifestando el sentimiento que el recuerdo provoca.

La neurociencia lo explica así: los recuerdos se graban en nuestro inconsciente no por los hechos en sí mismos sino por el mayor o menor efecto emocional que hayas tenido al vivenciarlos.

Y hasta hay olores en los recuerdos…

Cierro los ojos y me veo: joven, sin hijos, siento el olor a leña, escucho el crepitar de los leños; la mullida alfombra en la que estoy moldea mi cuerpo y el vino con ese cigarrillo sabe muy bien.

Llueve, hay una semi penumbra y suena algún CD. El fin de semana se presenta desprovisto de emociones.

Y como para conjurar al aburrimiento Miguel dice: ¿¿y si nos vamos en moto a Trelew??

Tal vez eso explique por qué estábamos juntos: ¡¡qué bueno!! ¡¡Vamos!!, fue mi respuesta inmediata.

Sendos equipos de cuero e impermeables celestes, nada de equipaje y nos subimos a la moto.

En Necochea la lluvia era torrencial, había que ir un poco más lento porque el viento movía la moto y podía perder estabilidad.

Me doy cuenta en este momento, que la sensación de frío o la de sentirme mojada, no la registré. Sin embargo el aburrimiento por la imposibilidad de hablar y el ronroneo del motor me iban trayendo sueño.

Pernoctamos en Río Colorado.

A la mañana siguiente en cuanto salió el sol volvimos a la ruta.

Enrollamos el equipo impermeable celeste y lo sujetamos a la cintura. Tal como se ve en la foto.

Ahora sí podía disfrutar de la vista del campo, de las ciudades que atravesábamos, de los puentes, de los ríos y los animales. Si fuiste alguna vez al sur sabrás de qué hablo. Cerrá los ojos y viaja conmigo.

Yo también los cierro y me vuelvo a sentir eufórica por la sensación de libertad que da el sentir el viento en la cara.

En la recta de Choele Choel canto para no dormirme y también para que no se duerma el conductor que sería mil veces peor.

Falta poco. El camino cuando vas llegando a Trelew se vuelve a tornar pintoresco y menos monótono, con curvas amplias, con bajadas que muestran allá a lo lejos pueblitos, casi siempre alrededor de un lugar verde  con agua.

Miguel me había explicado que el acompañante en la moto debe seguir con su cuerpo el vaivén que el vehículo dibuja en las curvas.

Así iba yo, meciéndome al ritmo de la moto en la curva, cuando a la voz de “se me va”, la moto empezó a derrapar inclinada sobre su lado izquierdo.

Pronto sus dos ruedas quedaron de frente a la ruta y después de cruzar la franja asfáltica siguió su derrotero por el pasto de la cuneta para finalizar su descontrolada carrera contra un montículo de tierra que finalmente detuvo su marcha.

Nos pusimos de pie, verificamos que estábamos ilesos, incorporamos la moto para volverla a la ruta y mientras yo pensaba: ¡qué buenos los trajes de cuero! Miguel mirándome enojado me dijo: ¡¡te expliqué que tenías que seguir el movimiento de la moto con el cuerpo!!

Tal vez eso explique porque no estamos juntos.

2 comentarios sobre “La foto

  1. Excelente aventura. Me da vértigo la moto en ruta. Pero esta vez lo disfruté como la protagonista, ajena a los peligros, atenta y feliz por lo que veía en el entorno. Coqueta con su traje motoquero. Bravo!!

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  2. Relato espectacular. Fue como viajar con ustedes, compartir el viaje, los paisajes y mojarse con la lluvia . El no acompañamiento en los movimientos de la moto fue la causa del fin del viaje ,” te lo dijo “……

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