Carta de desamor

-de María Ofelia Polito –

Hola Martha,

Hoy recibí tu carta. Me dejaste sin palabras, pero decidí responderte de la misma forma: en frías letras prolijas y vocales redonditas. Me decís que necesitás tiempo, que no estás bien, que querés irte a vivir sola, que preferís escribirlo porque no soportas decírmelo de frente, que sentís mucho dolor.

Ahora me doy cuenta. Ocho años de noviazgo y una familia proyectada no significó nada para vos; una lista de invitados, un cajón con la vajilla que usaríamos juntos. Recuerdo cómo llorabas el día que sospechaste que estabas embarazada y yo, inocente, te consolaba, diciéndote que no era tan grave, que nos íbamos a arreglar. Era tu desamor lo que te hacía llorar. En cambio, tener una familia significa mucho en mi vida y vos lo sabías desde que nos conocimos.

El día que te saqué a bailar te conté mi historia, que había perdido a mi mamá a los tres años, que mi papá falleció de cáncer cuando tenía veinte. Solo tenía a mi hermano y a él también le llegó su turno en esa curva de la muerte cuando venía a Santa Fe a firmarme una garantía. Todavía me acuerdo cómo me mirabas, con tus ojos grandotes bien abiertos. No sé por qué otra vez  traigo toda esta mierda que me causa tanto dolor, como si recién hoy nos conociéramos. Creo que la separación nos vuelve dos extraños. Pensar que en poco tiempo no nos vamos a acordar del tono de nuestra voz, de nuestra forma de hablar, de los gestos, los rasgos de nuestra cara.

Cuando nos dimos nuestro primer beso  vino tu “te amo”. Yo te respondí que pensaras bien antes de decir esas palabras, que yo no quería volver a perder nada en la vida.

Ahora, querés un tiempo, que es lo mismo que decir que no vas a verme nunca más, pero sin la valentía para afrontarlo. ¿Qué esperás que haga? ¿Te imaginás que me voy a tirar debajo de las ruedas de un tren, o que voy a pasar mis días borracho, en la calle, recordándote? O mejor todavía si te llamo todos los días a la misma hora para que escuches mi respiración.

No quiero un tiempo. Eso no sirve.  El amor es o no es. El tiempo no cambia nada.  

¿Qué vas a hacer con tu perro? Vení a buscarlo. ¡Ah! y cuando vengas acordate de traerme la cadenita de oro que te presté. Acá en mi departamento no te olvidaste nada.

Recién caigo en la cuenta de cómo es, perdón, cómo era nuestra relación. Cambiar los verbos al pasado no puedo todavía. Yo corría siempre atrás tuyo, pendiente de si llegabas, si te sentías mal, resolviendo cada necesidad, resfrío o dolor. Noches sentado al borde de tu cama, como si fueras mi paciente y yo tu médico. Te decía que eso me molestaba, pero vos te quedabas ahí tirada mientras yo te iba a visitar. Más de una vez llamé a todos los sanatorios de la ciudad para saber si te había pasado algo porque llegabas más tarde a mi casa. Cuando volvías de cualquier lugar siempre te pedía que me avisaras para dejarme tranquilo.

¿Qué vas a hacer con todas las cartas que te escribí? ¡Cuántos te amo repetidos! No quiero llorar más, ya lo hice demasiadas veces.  

Jazmín debe estar contenta, seguro que ya la llamaste para salir a bailar. Cuántas escenas de llanto me hiciste porque no entendías que yo no te iba a dejar salir a bailar sola. Seguramente te acordás del primer día en que lo hiciste. Cuando te pregunté si me habías extrañado, me respondiste que no, ¿te acordás? porque te habías encontrado con tu ex novio, ¿te acordás?

Empezaste a ir al psicólogo, ahí se te pudrió la cabeza. Yo te esperaba afuera después de cada sesión, todos los lunes a la tarde para que en el camino me repitieras tus angustias.

Un día me advertiste que yo no te atraía sexualmente porque te hacía acordar a tu mamá. Creo que todo te recuerda a ella. Es tu gran problema, vos y tu mamá son lo mismo. La vieja te controla como loca. Las dos de la mañana era el horario máximo en que te dejaba volver a tu casa. Solo en Navidad o Año Nuevo pasábamos la noche juntos.  Hoy debe estar festejando que por fin me dejaste destapando un champagne.  Mandale mis saludos. Ella te repetía que yo tenía más pinta de taxista que de médico. En cambio, mi amigo José la primera vez que le mostré una foto tuya me dijo: parece la mujer de un doctor.

No me diste la oportunidad de compartir la cocina, de pasar domingos a la tarde desnudos mirando el techo, de leer un libro a medias con los chicos corriendo al lado nuestro.

Pero si te parece tan fácil librarte de mí, así, en un papel solamente porque tenés ganas, creo que te equivocás. El tiempo que perdiste conmigo fue mi tiempo también.

Te mando un hasta siempre. Algo te queda por devolver.

Buenas noches, cuidate, que duermas bien,

Octavio

Postdata: Vos sabés que sos la mujer de mi vida. Mañana empiezo terapia. Recién vino mi vecina, la del cuarto piso, me dijo que el perro se lo queda ella.

4 comentarios sobre “Carta de desamor

  1. El fin de una relación contada con dolor sin golpes bajos . El cristal del desamor con que se miran los hechos que antes estaban teñidos de amor . Un relato crudo de los afectos que de manera dispar aportan cada uno de los integrantes de la pareja . En fin la vida misma .

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