Un engaño

– de Mónica Cataldo –

Mamá tiene unos libros chiquitos en el cajón de la cómoda. Un montón de libros tiene. La que escribe esos libros se llama Corín Tellado. Cuando yo leí por primera vez el nombre de la que escribe los libros entendí Corín Techado y me dio un ataque de risa. Pero cuando lo leí otra vez, vi bien el nombre. Pero yo le digo Corín Techado porque es gracioso.

Como son chiquitos los libros un día le pedí uno a mi mamá y me dijo que yo no tenía edad para leer esas cosas, que ya iba a tener tiempo para eso y que ahora tenía que estudiar. A mí me encanta leer. En mi casa, como mi papá es el director de la escuela, hay una biblioteca con un montón de libros, pero todos son difíciles, son para instruirse con cosas importantes, dice siempre mi papá. En esa biblioteca no hay ni un librito de Corín Techado. Mi mamá los lee cuando papá no está. Los libros que me compra a mí en el kiosco de diarios ya me aburren porque soy grande. Los termino enseguida. No tienen muchas letras y las historias son tontas.  También me compra el Billiken, pero una vez por mes, porque todo no se puede, dice siempre mi mamá. Yo leo las historietas y después uso la revista para recortar figuritas que me piden en la escuela. También me gusta la parte de los chistes. Me mato de la risa, aunque la abuela dice que las chicas no nos podemos reír fuerte porque queda feo.

Yo quiero leer de esos libros que vienen sin dibujos. La engañé a mi mamá. Y a mi papá también lo engañé. A ella le dije que iba a hacer la tarea en mi pieza porque la señorita Blanca Cacace nos había dado un montón. Mentí. La señorita Blanca no nos dio mucha tarea porque se le hizo tarde con una reunión de padres y no tuvo tiempo de copiarla en el pizarrón. Y como mamá sabe que yo puedo sola porque siempre dice que soy muy inteligente, mientras hago la tarea, ella duerme la siesta.

Ese día, mamá había salido a hacer las compras y yo aproveché que estaba sola en casa y le saqué un librito de la cómoda. De los de más abajo le saqué para que no se diera cuenta, total los de abajo ya los había leído.

A la hora de la siesta mi mamá empezó a roncar como un oso, como dice mi papá, que siempre tiene razón, porque yo la escucho desde mi pieza. Miré la tapa. Me encantan las tapas de esos libros. En esa había un señor rubio y una chica pelirroja. Estaban por darse un beso en la boca, pero no, no llegaron. Terminaron el dibujo antes del beso. Tenían los ojos cerrados, así que en esa tapa no pude ver el color de ojos que tenían. En otras sí, casi siempre son verdes o celestes los ojos. Y todos los que están en la tapa son lindos, no como mamá y papá que son normales.

Empecé a leer lo más campante en mi cama.  Escuchaba los ronquidos de mamá. Eso estaba bien porque me mantenía alerta. Si dejaba de roncar, guardaba el libro y listo. La historia estaba buenísima. Uy, pasaban cosas que me daban vergüenza porque el hombre y la mujer no eran novios, porque ella era una viuda. Yo sé qué es una viuda.

La de enfrente es viuda porque se le murió el marido, me contó mi abuela. Pero se quedó en su casa la viuda. Los del librito sí vivían juntos y a cada rato se besaban y la señora lloraba y estaba tan triste que me hacía llorar a mí. Yo no quería llorar porque si no mi mamá me reta con la cantinela de siempre:

“Ya está llorando otra vez, la bocabierta.  Por cualquier estupidez llorás vos, che. ¿Y ahora que te pasa?”, me decía casi siempre.

Mi papá no hacía como mi mamá. Cuando él me veía llorar o se daba cuenta de que yo estaba triste me sentaba a upa y me abrazaba. “Mi chiquita ¿por qué llora?”, me decía mi papá. Y yo lloraba más fuerte para que mi mamá viera cómo me quería mi papá.

Estaba leyendo el libro y en lo mejor de la historia (porque yo leo rápido) entró a mi pieza mamá y escondí la Corín Techado debajo de la almohada. Lo más rápido que pude la escondí. Mi mamá levantó las cejas y abrió los ojos grandes como huevos fritos.

“¡A ver esa tarea!”, dijo chillando. Como yo tenía guardado lo del colegio, empezó a revolver todo para controlar mi tarea terminada, pero encontró la Corín Techado. “¡Cuando venga tu padre le vas a decir de dónde sacaste esto para leer y con el permiso de quién! ¿Entendiste eso, nena?”.

“Sí, le voy a decir que lo saqué de la cómoda de tu pieza porque vos no me lo querés prestar”, le dije yo

“Mirá, mocosa insolente, no me desafíes, porque te va a salir caro. Y mejor que termines la tarea antes de que venga tu padre. ¿Te queda claro?”, dijo mamá clavándome esa mirada con pinches en los ojos y yo bajé la vista al piso y mejor me callo, pensé.

Se fue de mi pieza con la Corín Techado en el bolsillo del batón y pegó un portazo que hizo un ruido bárbaro.

Me puse a hacer la poquita tarea antes de que llegara papá. Y para llorar un poco y que se me hincharan los ojos pensaba en las cosas tristes del librito; para que papá me viera, me abrazara y me dijera “Mi chiquita, ¿por qué llora?”. Y cuando llegó pasó lo que tenía que pasar.

“Mi chiquita, ¿por qué llora?”, me dijo mi papá.

“Yo no le robé nada. Mamá se la olvidó a la Corín Tellado cuando vino a vigilarme mientras yo hacía la tarea. Ella no me deja leer esos libros que tiene guardados en la cómoda de la pieza”, le dije, apretando los ojos para que me salieran más lágrimas.

Mamá miraba la escena con la cara fruncida, se dio vuelta de golpe para cebarle un mate a mi papá, pero él la miró serio y no le agarró el mate a mi mamá, para abrazarme más fuerte a mí.

Ufa. En unos días tomo la Comunión. Voy a tener que confesarme de nuevo porque no cumplí los mandamientos de “No decir mentiras” y “Respetar al padre y a la madre”. Ojalá que me toque el cura más viejito porque es sordo y como no escucha nada me pone de penitencia rezar diez veces el Ave María, nada más. No todo el Rosario.

4 comentarios sobre “Un engaño

    1. Todavía tengo muchos de esos libritos. Los guardo como recuerdo de mis años jóvenes. Muchos son de Corín Tellado y algunos de Trini de Figueroa. Eran totalmente románticos e inocentones.Muy linda tu historia. Gracias Mónica.

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  1. Ya leí otro cuento de esta autora. Su retrato de los pequeños detalles de la realidad contada, permiten una lectura vívida. “Corin Techado”, digno de un pequeño. Muy lindo. Aplausos para esta escritora !!!!!

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  2. ¡Cuánta ternura y picardía! Notables las alusiones a las diferencias entre mamá y papá para con esa nena que quería lecturas más entretenidas. Escondida de la madre lee esa hija, escondida del esposo lee esa madre. Un cuento con ambiente de los años de mi crianza. Hermoso.

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